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Este artículo fue publicado en la revista "Mujer", fue escrito por Andrea Coddou M. Sicóloga, terapeuta pareja y familia.
Familia y pareja son sistemas independientes, discontinuos. Cuando estamos siendo padres no estamos siendo pareja, de modo que, para que la pareja exista, resulta vital darle un espacio.
Matías y Juana, casados hace tres años, con dos hijos, uno de meses y otro de dos años, llegan a mi consulta y con tristeza anuncian que tienen problemas de pareja. Juana me dice "jamás pensé que a los tres años ya estaríamos en esto". Matías agrega: "Yo al principio me resistí a venir, pero la evidencia hizo que accediera: nos estamos llevando pésimo".
José, un hombre de 61 años que consultó por un estado depresivo, me comenta que ha estado pensando y cree que la base de su depresión es que tiene problemas de pareja. Está frustrado, con sensación de soledad, percibiendo a su mujer distante y fría.
Averiguo cómo es el día a día de Matías y Juana. Ella retomó sus estudios, él está trabajando y estudiando. Juana va y viene de su casa, porque todavía amamanta; Matías llega pasadas las 11 de la noche, la mayor parte del tiempo a estudiar. El fin de semana están con los niños (ambos sienten que en la semana los ven poco), estudian e intentan dormir.
Volvamos a la historia de José, quien me cuenta que antes con su mujer se llevaba estupendo. Exploro cambios en su vida, le cuesta encontrarlos. Me aclara que sigue queriendo mucho a su señora, pero que todo ha cambiado. Menciona al pasar que su hija menor se acaba de separar y está viviendo en su casa con sus tres hijos. La pobre está destruida, por lo que ellos han asumido el rol de regalonear a sus nietos y facilitarle la vida a su hija para que pueda superar este dolor.
Tal como en las historias de estas parejas, una serie de situaciones en nuestra vida ocurren por el puro hecho de estar viviendo, pero si uno las desconoce, y por lo tanto no las entiende, las puede vivir como un problema, muchas veces con consecuencias serias.
Por poner un ejemplo, qué nos pasaría si no supiéramos que los niños pierden los dientes. Imagínense el terror que nos daría el que, de repente, un diente se le soltara a nuestro hijo y se le cayera; y luego otro. La fantasía sería que el niño está gravemente enfermo. El desconocimiento hace que surjan problemas que pueden ser significativos tanto en el espacio familiar como en el de pareja.
En nuestra cultura existe una confusión muy arraigada entre lo que significa ser pareja y familia. La creencia en general es que la pareja es parte de la familia. Es usual que si les preguntamos a dos adultos cuándo fue la última vez que tuvieron tiempo de pareja, su respuesta sea: "el domingo fuimos todos a la playa y lo pasamos muy bien". Ese "todos", por supuesto, implica a los niños. Y esos adultos están convencidos de que el tiempo juntos que tuvieron fue un tiempo de pareja cuando, de hecho, fue un buen tiempo familiar. El problema de esto es que todos nosotros esperamos que en la relación de pareja surjan ciertos tipos de emociones, de afectos, de atracción; pero esas emociones no van a poder surgir cuando estamos siendo padres. Y si la mayor parte del tiempo estamos siendo padres, la mayor parte del tiempo tampoco surgirán esas emociones que nos dan el sello como pareja. La situación se complica mucho cuando no lo interpretamos como una consecuencia de estar viviendo todo el tiempo sólo como familia, sino como que el otro "no me quiere, no le gusto, no le atraigo".
Por eso es importante hacer la distinción entre pareja y familia. La pareja no pertenece al sistema familiar; familia y pareja son sistemas independientes, discontinuos. Cuando estamos siendo padres no estamos siendo pareja.
La intimidad, la complicidad, se da sólo en un espacio de a dos. La presencia de los hijos nos hace entrar en la experiencia de la responsabilidad educativa y del disfrute de constituir este núcleo, entre otros factores. Tiene que ver con los hijos, por y para los hijos. El espacio de pareja, en cambio, tiene que ver con dos adultos, por y para la gratificación y bienestar emocional de esos mismos adultos.
Coherente con esto, Matías y Juana, José y su mujer, no tienen espacios de pareja, están siendo sólo familia. Cuando esto sucede, necesariamente se empieza a generar frustración. Es necesario, por lo tanto, tener espacios de pareja para que la pareja pueda existir.