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El Compromiso Matrimonial (Parte II)

Conviene explicitar cuáles son los compromisos concretos que se incluyen en el compromiso global de los que se casan. Cuando no sabemos a qué nos comprometemos no estaremos dispuestos a cumplir. Y cuando estos compromisos no se cumplen, es imposible que el matrimonio les traiga las satisfacciones que ambos esperan. Aquí está la lista de los Diez Compromisos:

1. Compromiso de vivir juntos en afectuosa armonía

Este compromiso es obvio, pero por lo mismo son muchos los cónyuges que no lo tienen en cuenta. No ven más allá del capricho del momento, la intoxicación sexual y lo divertido de la luna de miel. Cuando empieza lo cotidiano (cambiar pañales, organizar la economía familiar, compartir las cosas), las incomodidades y exasperaciones que ello implica les irrita en extremo.

Enamorarse de una persona y disfrutar una luna de miel son cosas muy agradables y atractivas, pero una relación afectuosa y armónica requiere una cadena de duros esfuerzos, flexibilidad y tolerancia recíproca a lo cual pueden no estar dispuestos. La idea de lograr que un matrimonio se desenvuelva dentro de los límites de una afectuosa armonía quizá no resulte muy romántica, pero es imperativa en un matrimonio bien logrado.

A los esposos que celebran su matrimonio sacramental el sacerdote no les pregunta qué tan locamente enamorados están sino: "Al elegir el estado del matrimonio, están dispuestos a amarse, a honrarse y a respetarse toda su vida?". El SI que dan ambos no es sólo para una fiesta y una luna de miel. Es para vivir juntos, no uno a expensas del otro, sino luchando diariamente para que su convivencia sea para ambos no sólo tolerable, sino agradable; no sólo agradable sino enriquecedora.

2. Compromiso de mantener una relación sexual sana entre ambos y con nadie más

Dicho en otra forma, a mantener entre los dos una relación sexual fiel, exclusiva y sana. Por más que digan otra cosa los pseudo-revolucionarios sexuales o los teorizantes sociales, la inmensa mayoría de los que se casan tienen en mente, al menos el día de la boda, mantener una relación sexual sana sólo con sus respectivos cónyuges y no andarse en aventuras amorosas. Si ambos no ponen empeño en lograr esta buena relación sexual o si uno de los cónyuges descubre que el otro se entrega a galanteos, vienen los disgustos, las reclamaciones y los resentimientos y el matrimonio fracasa.

El hecho de que muchos de los futuros contrayentes han tenido una sucesión de relaciones sexuales antes del matrimonio complica las cosas. Porque el compromiso de limitarse en lo sucesivo a una sola persona significa un notable cambio de estilo de vida, no imposible pero sí difícil. Además, como los que han de someterse a este cambio son los dos, el porcentaje de posibilidades de fracaso en este punto se duplica.

Los futuros esposos van a necesitar tiempo y paciencia y mucho amor para lograr una relación sexual armónica y mutuamente satisfactoria.

3. Compromiso de formar una unión económica

Las necesidades y caprichos de ambos han de pagarse de unos ingresos comunes; ingresos que tal vez aporte un sólo cónyuge o tal vez los dos. Surge entonces el complicado problema de prioridades. Y como los anhelos de cosas y servicios han de satisfacerse de la misma fuente básica, las ocasiones de conflicto se presentan a cada paso. Después de satisfacer las necesidades básicas comunes (vivienda, salud, alimentación, vestido, impuestos) la pareja debe establecer acuerdos sobre lo que puede gastar cada uno en otras cosas (ella en lujos y cosméticos, él en deportes y hobbies). Cada uno tendrá que asegurarse de que sus propios gastos no se excedan y ofendan al otro. Cuando este acuerdo no se hace o cuando se hace y no se cumple, vendrán a fin de cada mes peleas y mutuos reproches por los gastos realizados. La austeridad (diferente de la tacañería) y la generosidad (diferente del despilfarro) son dos virtudes que ambos deben aprender y practicar para lograr una armónica gestión de la economía hogareña.

4. Compromiso de convivir los dos con los hijos

La relación con los hijos aporta muchas satisfacciones a la pareja, pero también implica mantener con ellos unas relaciones complicadas, enojosas y prolongadas. Cuando los hijos entran en escena, la relación entre los esposos se vuelve más intrincada. Y si a esto se agrega la presencia de hijos provenientes de anteriores uniones de uno o ambos cónyuges, la cosa se complica todavía más. Los hijos son de los dos y ambos tienen que ver igualmente con ellos.

En el momento de casarse el sacerdote pregunta a los contrayentes: "Están dispuestos a recibir responsable y amorosamente a los hijos como don de Dios y a educarlos según la ley de Dios y de su Iglesia?".

La pareja debe ser consciente de que el ingreso de los hijos en sus vidas va a exigirles cambios y adaptaciones que van a perturbar su comodidad a ambos. La pareja debe lograr una buena base de entendimiento sobre los criterios de crianza y educación de esos seres nuevos, cómo formar sus personalidades y cómo habrán de ser las relaciones de papá y mamá con cada uno de ellos (que al principio son niños, no pequeños adultos, pero que están llamados a crecer y a ser adultos en su momento).

5. Compromiso de actuar en sociedad como una pareja casada

Esto significa que ambos deben presentarse ante parientes y conocidos y ante el público en general, como personas unidas por un lazo especial, exclusivo. Ya no son sólo novios, o amigos. Son esposos ahora. En sus relaciones con amigos y conocidos, especialmente si son del otro sexo, ambos deben evitar todos aquellos comportamientos que puedan ofender al otro, respetar las exigencias de la fidelidad conyugal. Tal vez sea necesario revisar las relaciones sociales que se tenían antes de casarse. Con frecuencia las amistades de solteros no convienen como amistades de casados. Hay que respetar las sanas costumbres que establecen las fronteras entre solteros y casados.

6. Compromiso de dar preferencia al cónyuge por encima de toda otra persona

El viejo precepto bíblico de "Dejar padre y madre" expresa una necesidad de la vida de pareja y, por tanto, implica un compromiso que ambos deben respetar. El esposo debe estar más atento a las necesidades y a los sentimientos de su esposa que a los de su propia madre o de su jefe. La mujer debe conceder mucha mayor prioridad a las necesidades y sentimientos de su marido que a los de sus queridos padres o hermanos. Son muchos los matrimonios que fracasan porque no se cumple este compromiso. Quienes dicen "Primero conocí a mis padres y a mis hermanos que a mi esposa o a mi marido" están afirmando algo obvio; pero olvidan algo, también obvio: que al casarse se comprometieron a dar a su cónyuge la primera prioridad.

Las relaciones con los hijos deben tener una especial prioridad frente a las otras relaciones, pero no deben sobrepasar la prioridad que se deben los esposos entre sí. El matrimonio queda más protegido cuando las relaciones con los hijos se enfocan en forma de pareja-hijo que cuando se enfocan unilateralmente padre-hijo y madre-hijo.

Ambos esposos tienen que ser igualmente cuidadosos de que sus propios parientes (en especial sus queridísimos padres) no se metan como una cuña entre los dos. Y en lugar de dejar a que sea el otro el que defienda la existencia de la relación de pareja ante extrañas intervenciones, sea cada uno responsable de poner en su puesto a su "amorosa" madrecita. En realidad, el peligro proviene más de la pareja inmadura que de la suegra entrometida.

7. Compromiso de mantener entre los dos una intima comunicación que incluya ideas, sentimientos y actitudes

La comunicación es fundamental en el matrimonio. Sin ella no se mantiene la vida de pareja. Y no es posible hacer matrimonio sin pareja. Cuando los miembros de la pareja ignoran la existencia de este compromiso, o si lo conocen no lo cumplen, o conociéndolo y queriéndolo cumplir no saben cómo hacerlo, crean entre ellos una situación que hace imposible el mantenimiento de una vida matrimonial sana.

La pareja necesita destinar tiempo y crear ambiente propicio para mantener esta comunicación, aislándose de personas y de situaciones que los distraigan (televisión, teléfono, etc.). Un alto porcentaje de problemas matrimoniales se solucionarían adecuada y oportunamente, sin necesidad de llegar hasta el psicólogo o psiquiatra, si ambos esposos se dedicaran a desarrollar su capacidad de conversar y dialogar juntos. La mayor parte del trabajo de los consejeros matrimoniales se dedica a ayudar a las parejas a reiniciar la comunicación interrumpida y, a veces, hasta de iniciarla porque de novios tampoco supieron hacerlo.

8. Compromiso de mutua ayuda en todas las formas posibles

Este compromiso mira a hacer efectiva la solidaridad que debe caracterizar la forma de vida de los que son esposos "en la alegría, en la adversidad y en el dolor, en salud y en enfermedad, en pobreza y en prosperidad". En la voluntad creadora de Dios varón y mujer han sido creados para ser mutua ayuda y compañía. Cada uno debe ser para el otro la persona con quien pueda contar siempre en las necesidades, la primera a quien habrá de llamar para compartir las penas y las alegrías.

Esta mutua ayuda debe ser habitual, pero debe darse especialmente en los momentos de necesidad extrema. El anhelo profundo de los que se casan es el de tener compañía en las buenas y en las malas. Y el matrimonio ofrece la esperanza de garantizar esta ayuda y esta compañía.

Cuando este compromiso se rompe, así sea en pequeñas cosas, la soledad invadirá a la pareja y se arriesga a dar lugar a intervenciones de extraños, tal vez necesarias pero siempre dañinas para el matrimonio.

9. Compromiso de pasar mucho tiempo en mutua compañía

Hay parejas que durante el noviazgo y primer tiempo de matrimonio pasaban mucho tiempo juntos, pero después permiten que el trabajo, la televisión y las relaciones sociales invadan el tiempo de la pareja y al final se miran como extraños. Si hicieran un recuento de las horas semanales que pasan juntos, se darían cuenta de que él pasa en la oficina más tiempo con su secretaria que con su esposa, y ella está más tiempo con sus amigas, parientes o con sus compañeros de oficina que con su marido.

Durante el matrimonio van a necesitar revisar con frecuencia las prioridades de tiempo y la forma como aprovechan las oportunidades de estar juntos y solos. El pretexto de "no tengo tiempo" arruina muchos matrimonios y es indicio de no querer empeñarse en una vida matrimonial de buena calidad. Las parejas que de verdad, por razones independientes de la voluntad (v.g. las condiciones de trabajo y la profesión de los dos o de uno) tienen especiales dificultades para dedicarse buen tiempo a estar juntos, necesitan ingeniarse para aprovechar el tiempo juntos hasta el máximo. De lo contrario se generaría una situación de abandono afectivo, de pésimas consecuencias.

10. Compromiso de formar juntos una relación que dure indefinidamente

Para los esposos cristianos significa el compromiso de indisolubilidad, de empeñarse en una relación que nada ni nadie pueda romper: "Lo que Dios ha unido, que nadie lo separe". Es empeñarse en que la relación dure.

Los novios o los amantes pueden romper su relación cuando lo estimen conveniente. Los esposos no. Esta afirmación quizá parezca anticuada, ingenua o tonta cuando el porcentaje de divorcios y separaciones aumenta con mayor velocidad que los precios en los supermercados. Pero esto es lo que los cónyuges se prometieron ante el altar: "Me entrego a ti y te acepto como cónyuge....... para amarte y honrarte hasta que la muerte nos separe", o más claramente "..por todos los días de nuestra vida".

A propósito de la mentalidad divorcista, tan en boga hoy, anota Chapman: "Actualmente está de moda, en algunos círculos, el proponer que los cónyuges se separen voluntariamente y formen nuevas uniones en varios estadios de la vida adulta. Según un autor, la primera boda sería por amor, la segunda para criar hijos y la tercera para tener compañía en la edad madura y en la vejez. Desde el punto de vista psiquiátrico, tal recomendación no es sino una perniciosa estupidez. Este consejo presupone que ciertas personas en diferentes épocas de sus vidas están mejor dotadas para el amor, o para criar hijos, o para hacerse compañía la una a la otra. Tal combinación sólo serviría para triplicar las probabilidades de que formarán matrimonios desdichados... El casarse con la idea concreta de divorciarse al cabo de un tiempo, significa decidirse a perder el partido aún antes de empezarlo. Un matrimonio laborioso, feliz, con todas las complejidades de la educación de los hijos y sus consecuencias sociales y económicas es mucho mejor que la superficialidad y la inestabilidad de una relación fundada en el tictac de una bomba de relojería".

Esto lo dice un científico desde su óptica de psiquiatra. El cristiano por la fe sabe que el matrimonio es obra de Dios y que debe tratarse como El lo quiere. El matrimonio es un pacto para perfeccionarlo en la realidad diaria y no para romperlo ante las primeras o segundas dificultades.

El conflicto es inherente a toda relación entre personas diferentes. Aprender a resolverlo en forma constructiva es la tarea que tienen los esposos, desde antes de casarse.

La oración de Sara, la noche de su boda con Tobías, refleja el anhelo de los que verdaderamente se aman: "Señor, concédenos que los dos lleguemos juntos a la vejez". Y no sólo un anhelo, sino también un programa de vida. Dios les regala el tiempo, pero es responsabilidad de cada pareja de esposos aprender a caminar juntos cada día para llegar juntos a la vejez.


Actualizado: Septiembre 2007.

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